El regreso del diablo con pantalones cortos

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Agitar la cabeza cuando suena AC/DC es inevitable, más cuando es parte del ADN de cualquier ser cavernícola que se digna de rendir culto a los dioses de Rock.

Hace 17 años el Black Ice Tour llegó al Foro Sol de la ciudad de México. Yo tenía 19 años y para acceder a esos boletos me tuve que deshacer de varios discos para ver de cerca al chamuco con shorts y guitarra.

¿Te acuerdas cuando ponían videos en vivo de bandas en la tele?

La forma en que estaban editados para emocionarte, las tomas a los fans entrando y corriendo como maniacos para alcanzar el mejor lugar, las rubias enseñando las tetas y la banda dando cátedra de como enloquecer a miles de personas con una canción de Rock n Roll.

Lo más alucinante es que esa fría noche de noviembre del 2009, fue sentirse vivo en uno de esos videos o mejor. Esa vez las cervezas no se calentaron, pero el Foro Sol si ardió.

Una fiesta de sexo, drogas y rock n roll. Las campanas del infierno retumbaron, la voluptuosa Whole Lotta Rosie salió montada en el tren hacia el Highway To Hell, sonó The Jack, Rock N Roll Train, Shoot To Thrill. Un Foro lleno de cuernos rojos encendidos, gritos, cerveza y hasta la chava enseñando las tetas en las pantallas cuando sonaba You Shock Me All Night Long. El mero sueño.

Vimos a el Maestro Malcolm Young sosteniendo el ritmo que inyectaba todo el frenesí del ruido, la columna vertebral de AC/DC.

Phil Rudd con cigarro en boca y dándole con precisión y maldad a esa batería.

Cliff Williams al bajo y agitando la cabeza,

Brian Johnson al frente de esa ceremonia de diversión y peligro y Angus…

El diablo de pantalones cortos. Poseído por la guitarra y lleno de electricidad, corriendo por todas partes, tirándose al suelo, haciendo el paso de Chuck Berry, bajándose los shorts y enseñando los calzones marca AC/DC.

El ritual de invocación a la música loca, al desenfrene, el recordar que somos jóvenes pero también vamos a morir.

AC/DC es lo que debemos poner cuando sabemos la carretera no se acaba, qué si le mundo entero se va al caño, hay que amar, coger y pagar la deuda con el diablo tocando rock n roll.

Son las canciones malditas, las que te prohibían y no debías escuchar. Pero en realidad son el mantra, el tuyo, mío y de millones más que siempre mueven los dedos emulando las manos de Angus.

Es la escuela de Rock, es la energía y el golpe en el alma que te prende el fuego a rebelarte, a ser libre y sentirte como un cable de alta corriente.

Es 2026 y el mundo parece irse a la mierda otra vez y por fortuna AC/DC está de vuelta cuando más se necesita.

Por Bon, Malcolm y por el rock n roll imparable. Hay que verlos una vez más.

Los cañones están listos cada noche y disparan para saludar a todos los que rockean hoy y mañana.

Que suene el trueno, que se haga la luz, sonido, batería y guitarra.

Let There Be Rock.


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