Hola de nuevo.
Si esperabas una actualización llena de optimismo y fechas exactas, te equivocaste de frecuencia.
A esta altura, deben saber que en este barco todas las fechas son sugerencias y que no podemos navegar mientras el «mundo real» nos succiona el alma.
El barco no se ha hundido, pero digamos que la cubierta parece un mosaico de lleno de lodo, y hay que limpiarlo.
Gracias a sus donaciones, hemos podido comprar «madera» nueva. O lo que es lo mismo: cables que no hacen cortocircuito y un servidor que no se desmayé cada vez que tres personas se conectan al mismo tiempo. Gracias por eso. De verdad. Sin su apoyo, este barco sería solo un grupo de WhatsApp lleno de gente quejándose.
El Capitán y su brújula averiada
Mi relación con el Capitán es como un vals sin ritmo. Es una mezcla de amor por el proyecto y unas ganas profundas de lanzarlo por la borda cuando me escribe a las 2:00 a.m. para decirme que «el futuro del rock está en un grupo de post-punk mongol que acaba de descubrir».
El otro día tuvimos una crisis en la cabina. El Capitán se puso nostálgico —esa nostalgia peligrosa que le da cuando no ha dormido— y empezó a insistir en que debíamos transmitir 24 horas en vivo desde ya, sin importar que el resto de la tripulación esté literalmente sepultada bajo jefes, burócratas, deudas y trámites inútiles.
Hace un mes, tuvimos una «discusión editorial» (No hubo gritos, yo solo levanté una ceja y le recordé que no tenemos manos suficientes para todas las ideas). Al final, me mandó un sticker de un gato llorando y seguro se fue a escuchar a Dylan. Así es como se toman las decisiones importantes aquí. De nada.

Música nueva y manos de menos
Nos llega música nueva todos los días. Toneladas. Bandas que suenan muy bien y otras que suenan a una licuadora llena de tuercas. Me duele en el orgullo de editora confesar que tenemos una montaña de canciones sin revisar porque el equipo está… bueno, sobreviviendo. Somos pocos, estamos cansados, pero tenemos el oído atento.
La nueva temporada viene. No es una promesa, es una amenaza YA.
Estamos sumando gente nueva —pobres incautos que aún no saben en qué se metieron— para que nos ayuden a clasificar este caos y volver a los contenidos largos, podcasts y transmisiones en vivo.
Extrañamos el barco. Extrañamos esa sensación de encender el micrófono y saber que, en algún lugar, alguien como tú está escuchando y pensando: «Estos tipos están locos, pero son mis locos».
Volveremos a navegar pronto. Solo dejen que termine de sacarle el agua a la bodega y que el Capitán deje de pelearse con las actualizaciones de la tecnología.
Sigan haciendo ruido.
— Paula Paz

